lunes, 26 de junio de 2017

Indescifrable


Quizás, las más bellas poesías aún no han sido descubiertas.
Aún habitan en el limbo de la consciencia,
yacen suspendidas en las ramas de lo indescifrable.
En el preludio de un beso,
en eso que palpita eterno
y, que de pronto, nace.

domingo, 18 de junio de 2017

La ofrenda



Poso su rodilla
contra el suelo de esa tierra.
Lamió de su sal,
se hizo leyenda.

Leyó sus estrellas,
olfateo sus sentidos;
percibió su tacto,
tantas veces efímero.

Alzó con fuerza
la vasija de sus ofrendas.
Rescató el barro del cuál fue hecho,
la arcilla de lo nunca dicho;
el líquido de sus cordilleras.

Reconoció su color mestizo,
el oro macizo de sus vertebras.
El castaño oscuro de sus cabellos,
la resina blanca de sus muelas,
el marfil de sus colmillos.

Entregó todo lo que contenía;
y, en plenitud, lo elevó al cielo.
Lentamente, un rayo breve de luz
se manifestó:
era esa deidad traducida 
en innumerables lenguas
y un solo silencio.

Entonces, vibraron sus huesos
al son de una marimba
de la lava de sus arterías.

Cada uno de sus filamentos
se hicieron cientos
y se unieron a otros miles.

Así, generaciones se hincaron
como él al mismo tiempo.
Se entregaron,
se dieron a sí mismos,
sin temor,
en una sola ofrenda.

lunes, 29 de mayo de 2017

Volar sobre ruedas

Foto: Mauricio Contreras Nossa


No somos perfectos, simplemente, somos humanos.
No somos máquinas, somos almas que ruedan en planicies
laderas y montañas.

No somos escarabajos: mas, en ocasiones,
somos homínidos que descubren el poder de las alas.

No somos del color de la nieve,
somos del color de una mezcla de materiales:
suelo de tierra altoandina,
sangre indígena fusionada
con mareas mediterráneas;
aureolas boreales que en el norte levitan,
hilos de especias, oro y plata.

Somos un fruto que revienta, no un trofeo;
somos un conjunto de milagros,
talentos que al amanecer se cosechan.

No somos de hierro, somos de carne y hueso;
Cabalgamos a dos pies,
en una silla
o girando raudos
al compás de una bicicleta.

Somos más que palabras
que se dirigen a aquel que labra
día a día sus sueños.

Somos otoño o primavera,
lluvia en América,
fulgor del sol en África,
serranía europea,
viento en Asia o
resplandor de un rayo en Australia.

Somos corazones que resisten
las embestidas de las lenguas;
pasos que se abren, incluso, sobre ruedas.
Nos forjamos a diario,
seamos maestros, albañiles,
poetas, atletas,
ciclistas o artesanos.

Gracias a usted, maestro:

Gracias a usted, Nairo Quintana. 

lunes, 15 de mayo de 2017

Reflejo de vida: las alas de mamá

Fuimos mórula en crecimiento,
del tamaño de una bacteria;
más pequeños que el huevo de una mariposa.

Crecimos hacia afuera
Mientras, una sutil luz resplandecía
En la matriz de nuestra materia.

Resbalamos como orugas
A lo largo del humus de un endometrio.
Nos enrollamos en una placenta:
nuestra pupa de agua, sangre y sueños.

Fuimos marinos, colirios de amor
Peces nacientes, sirénidos de río.

Migramos, luego de la colisión de dos estrellas.
Escogimos nuestra nueva galaxia,
un útero suave donde se abría la voz del alma.

Crecimos en ese entorno cálido,
Bebimos del ardiente géiser.
Luego fue imposible ocultar nuestras alas
e, inevitablemente, nacimos.

Hoy celebro a cada mamá
salvaje y homínida.

No cuando lo marca un calendario,
ni ese mercado de plástico que contamina.
Te celebro cuando la lluvia cae
y me recuerda,
el nido en el que me albergaste.

Feliz inicio de ciclo de vida
a cada ser vivo que hoy nace de un huevo,
de un útero o de un milagro
en el agua o en la tierra,
bajo la tibieza del aire.

Feliz día

viernes, 14 de abril de 2017

En la ruta... Siguiendo la médula


Al realizar un breve recorrido por la médula de la poesía mística, 
descubro que cuando paso de una vertebra a otra, 
me encuentro en una ruta que resulta ser una columna infinita. 
Mas, disfruto ir de una en una, 
degustarlas con devoción en mis pupilas.
Todo tiene un comienzo.
No es la meta, es el camino.
El placer de descubrirlo.

Comparto un texto de antecedentes de este breve comienzo


Y sigo con Santa Teresa de Ávila (1515 - 1582)

... “Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza”... [Fragmento del poema “Nada te turbe”].

En ese resquicio de esperanza, surgió la mística Santa Teresa, 
una mujer que no se cansó e indagó en ella.
Siguió esa luz de una vela, que descubrió en ella, 
una que la condujo a lo divino.
Se calzó las sandalias de la inspiración genuina 
y no temió romper las cadenas que como humana tenía.
Se escuchó a ella misma y a eso sagrado que sabía procedía
de ese amor celestial. 
Siguió fluyendo en poesía hasta sus últimos días,
e hizo de sus palabras un cielo,
uno que en poesía ya está aquí.



“El guía interior hace evolucionar el mundo hacia un cielo que ya está aquí, saber esto es conocer nuestro destino”... (Frase tomada del film: Las nueve revelaciones)

¿Nos arriesgamos a descubrirlo? 
¿A revelarnos e ir hacia nosotros mismos 
y, así, trasegar al infinito?

viernes, 24 de marzo de 2017

Besando el segundo que avanza



Besando un segundo que avanza y adquiere alas.
Uno que me une o me acerca a esos 
tus copos de nieve.
A ese segundo que resbala por tu espalda,
a ese que se desliza justo antes del impulso siguiente.

A ese beso que te otorga el viento
cuando elevas los ojos y observas las nubes.
A ese parpadeo previo a tu conexión con el cielo,
con el azul de tu alma proyectado en tu mirada.

Cada momento previo me une al posterior.
Así, uno a uno se enlaza 
e inevitablemente me acercan a ti,
Cada vez más a ti:
proyección de mis pasos, 
movimiento incierto, 
rugido de mi alma 
que a cada instante te llama.

A ti mi segundo
anterior al todo
y, a su vez, a ese vacío
del vértigo de tu mirada.

martes, 14 de marzo de 2017

En el corazón del mar




En el corazón del mar 
sobrevuelan cientos de alas.
Besan, esas, sus manos líquidas 
y su permanente obra.

Estas lo rodean con delicadeza
e ingresan a él una parte de si:
una minúscula extremidad
del tamaño del universo.

Un rayo lo penetra a la velocidad de la luz. 
Lo traspasa esa caricia procedente del cielo.

Las alas aprueban sus decisiones,
acompañan sus movimientos.
Su conexión permanente con la tierra.

Cuando el mar las mira
sus ojos en gotas levitan.
Estas le sonríen en forma de nubes,
aman verse reflejadas en su interior.
En la palidez tierna de su superficie, 
en sus labios de olas,
en el color profundo de su textura mágica.
En la seda de su alma...