martes, 14 de marzo de 2017

En el corazón del mar




En el corazón del mar 
sobrevuelan cientos de alas.
Besan, esas, sus manos líquidas 
y su permanente obra.

Estas lo rodean con delicadeza
e ingresan a él una parte de si:
una minúscula extremidad
del tamaño del universo.

Un rayo lo penetra a la velocidad de la luz. 
Lo traspasa esa caricia procedente del cielo.

Las alas aprueban sus decisiones,
acompañan sus movimientos.
Su conexión permanente con la tierra.

Cuando el mar las mira
sus ojos en gotas levitan.
Estas le sonríen en forma de nubes,
aman verse reflejadas en su interior.
En la palidez tierna de su superficie, 
en sus labios de olas,
en el color profundo de su textura mágica.
En la seda de su alma...

domingo, 26 de febrero de 2017

Cuando nos conectamos


Cuando nos conectamos 
unos segundos con el amor,
de repente, desaparecen los juicios,
los temores y las condiciones.


De pronto amamos sin esperar;
soltamos las ataduras.
Trasegamos esa ruta,
una donde, inevitablemente, nos amamos. 

Al amar a ese universo interno;
de pronto, este se hace grande, 
inabarcable.

Como una onda que se expande
en ese pozo oscuro,
negro y profundo;
donde, en el centro yace
y emerge una luz.


Esa, que es invisible a los ojos;
pero, que es, del tamaño de una estrella, 
de una galaxia entera.

Entonces, se aprende a desear
solo lo mejor sin esperar.
Se desprende, con cuidado,
el tejido circular del apego.

Todo se agradece 
cada instante compartido,
cada momento escrito,
cada instante que ya fue.
Pero, que si fue con amor
siempre vuelve.

Sentimos, ahora, 
fluye limpio;
ese, nuestro líquido sentir.
Esa conexión con todo 
hasta con nosotros mismos.


Lo turbio se decanta.
Los anhelos e ilusiones reverdecen
La clorofila de lo esencial se enciende.

Aprendemos a fotosintetizar, 
con paciencia,
nuestras emociones.
Y, así, los labios laten,
como el corazón;
y se expanden, 
en sístole y diástole.

Dan origen a unas letras más felices.

sábado, 18 de febrero de 2017

Cigarras...

Son verano en latín.
Poesía que canta.
Melodía de hombres.
Musas hechas cantares.

Son emergentes gotas:
arden brillantes
tiemblan de tierra.

Son misterio de timbales,
laten antes de la transformación.
Estallan en su metamorfosis,
en su rito de iniciación. 

Su cambio es sonoro.
En ese instante que se posan
en el tronco de tus sueños;
en la tarde de tus anhelos.

Te envuelve con sus alas.
Si te dejas llevar 
por el hilo de sus hojas
bajo el azul del cielo.

domingo, 5 de febrero de 2017

Navegación en imágenes



Los personajes de los libros cobran vida.
Aquellos seres, en apariencia, en teclas transcritas
reúnen sus huesos y sus músculos,
toman un aliento,  
emprenden su vuelo.

Comparto este blog de un navegante:



El autor de la fotografía que inspiró mi primera novela:


Un gran amigo y muy humano.
Grandiosas imágenes y mágicos textos.


Una invitación a navegar.

martes, 31 de enero de 2017

La ruta de la miel


Así surge un camino, 
uno que se deambula con los pies descalzos.


Con los dedos enraizados en un relicto que colinda entre: el fuego interior;
la tierra de nuestros orígenes; 
el agua que fluye dulce, se evapora y vuela 
en un danza en el aire.

En medio de ese fuego del avance, nos inundamos y dejamos traspasar por los momentos.

Así es la ruta de la miel: una ruta sin retorno, 

una que va directa a esas aguas dulces y profundas. 


A la vid abundante que florece en las entrañas.


Este es el chapter trailer del capítulo III del libro: 

“El navegante y la pescadora. Viajes, imágenes y sueños transcritos a través de una pluma.”


“Vino a mí el aroma del agua dulce envuelto en un torrente de hojas.
Las divise jugueteando con las burbujas translucidas a medida que ingresaban al bosque de las corrientes.
Sumergí mi pico sediento en aquella agua endulzada de pecíolos y percibí el cosquilleo de los hilos de plata danzantes a mí alrededor.
Cientos de hojas navegaban plenas, a lo largo de la ruta de la miel…”

martes, 17 de enero de 2017

Dentro de sí



Indagó dentro de sí
en ese profundo hueco entre su tronco y sus ramas.

Luego de varias décadas 
su superficie era un conjunto de cordilleras.
Hileras de meandros y cauces de ríos olvidados.
Caminos de herradura que conducían 
a cada una de las hojas de sus ramas.
En sus grietas anidaba la sequía 
y alguna que otra valiente hormiga.

Era un desierto austero.
Tenía en el centro un oasis que bullía sin cesar.

Los granos de sus dunas
un día se detuvieron,
no siguieron la ruta que les marcaba el viento:
Decidieron parar.
Fueron, de nuevo, corteza.
Caminos de innumerables rutas. 
Esas que duran un chasquido 
o cerca de medio siglo.
Sería su aparente sequía 
la cuna de cientos de almas,
algunas poseedoras de alas,
pelos, cuero,
carnes morenas, 
negras o blancas... 

Un tronco es un camino que eleva.
Uno que se nutre desde la tierra.
Uno que une la raíz con el cielo.
Uno con el universo que se posa
en sus apicales ramas.

Un trozo de sí es una avenida lisa de andares
o la rugosa autopista de profundos despertares.

lunes, 2 de enero de 2017

La entrega



La entrega tiene tantos matices: 
damos todo el tiempo. 
Entregamos, en milésimas de segundos, nuestros tejidos.
Estos caen o se elevan,
nacen o mueren,
se deslizan;
caen aún tibios como hojas 
o son punzantes agujas
que se entierran 
en el entorno que nos rodea.

Damos pensamientos 
sabios o enfermos.
Miradas que aman o matan 
en solo parpadeo:
"Es cuestión de elección".

Entregamos silencios que reverdecen 
o palabras que trascienden, 
en una noche,
antes de salir de nuevo el sol.

Damos guerra o esa armonía que colinda, 
muy de cerca, a ese relicto personal 
o colectivo donde florece la paz.

Damos tiempo perdido o vivido con intensidad.
Damos humedad o damos sequía...

Es delicado el arte de dar:
requiere un tacto en equilibrio
eso de brindar algo de nosotros mismos.

“Sin envolturas, desnudos del alma” .

Dejándonos envolver y, a su vez, 
brotar envueltos en una luz. 

Escogemos iluminar u oscurecer 
el breve rincón de nuestra entrega.