sábado, 12 de febrero de 2022
Camino a la transparencia: confesiones de un "ser escrito". Obras.
lunes, 7 de febrero de 2022
El arte de ser humor y la belleza del alma. BIOS ESCRITORES EU.
La belleza de un alma,
Va más allá de las apariencias.
Todas las almas son bellas, sin excepción.
Están impregnadas e inspiradas del espíritu,
de ese amor profundo que habita en ellas.
La expresión de una sonrisa,
no está limitada a un conjunto de labios y de dientes:
es y hace parte de la conjunción de esa divinidad
y la humanidad que habita en todos los seres.
Gracias a ese conjunto de células
que se orquestan en cada ser para cantar,
para reír.
Ese es el verdadero arte de ser humor.
martes, 21 de diciembre de 2021
De los primeros trazos sonrientes en la arcilla, al libro digital. La diversidad musical y humorística: “Álvaro Lemmon. El arte de ser humor. Retrato del camino de transformación de un artista”
sábado, 27 de noviembre de 2021
En libertad
martes, 13 de julio de 2021
Soltar
Soltar,
aceptar que somos perfectos tal y como somos.
Confiar,
creer que siempre será más fácil y armonioso,
si confiamos en verdad en Dios, en el universo.
martes, 22 de junio de 2021
En las nubes
viernes, 11 de junio de 2021
Siempre, viva
Tomó aire. Respiró profundo a más de 3 metros y 45 centímetros bajo tierra. Se sorprendió al ver que no veía y lo percibía todo sin necesidad de tener ojos, ni piel, ni esos cabellos largos que ahora eran diminutos cilios. Era una especie de organismo filamentoso que reptaba por los poros del suelo.
Se acercó a las raíces de un árbol. Sentía como el agua la llevaba hacía allí e hizo, milagrosamente, simbiosis con los hongos. Nunca se había sentido parte de algo. Ahora no era necesario poseer un largo currículo, ni cartas de recomendación para ser aceptada y recibida en una verdadera entidad viva. Casi olvidó que alguna vez había sido humana: ahora era aún más feliz.
Miles de veces había caminado sobre el suelo y nunca había notado toda la vida que este contenía, y que un día volvería a él. Había participado alguna vez en una carrera de 100 metros, en sus tiempos de atleta; pero, ahora, Melinda era conducida por la raíz de un árbol. Ella observaba su ascenso por los vasos conductores. Esta vez no percibía la presión de ganar, ni el tráfico en las calles, ni las bocinas de los carros ensordecedores que la abrumaban cuando se dirigía a su trabajo.
El ascenso lento era un placer, una paz indescifrable. No había con quien competir. Sus títulos de la universidad ahora serían parte del compost y, la medalla de aquella carrera, metal fundido de nuevo con la tierra.
Ella solía usar unos astronómicos tacos que la hacían sentirse más esbelta que las demás. En ese momento, era un conjunto de células verdes que ascendían por los vasos de una planta. Melinda Casas había quedado en el olvido o en algunos recuerdos de familiares y amigos. Sin embargo, ella ascendía a través de tronco rumbo a un aparente final: la copa del árbol. A su paso por las ramas, se sintió parte de ellas; recordó cuando era niña y abría los brazos dando giros en medio de un bosque. Sonreía y caía libre, contemplaba en el cielo las copas agitándose y dando vueltas como ella.
Un día al amanecer se hizo hoja en una común unión con el momento. Se celebró. Los rayos del sol la hicieron aún más verde y bebió del rocío a través de toda su superficie. Sintió los frutos próximos del árbol caer. Era un privilegio estar en esa copa. Danzó con las otras hojas, vibró con ellas en una especie de ceremonia. Momentos de gloria que a diario ocurren en los bosques, pero que casi ningún humano es capaz de verlo.
Percibió como poco a poco se iba secando y el sonido que emitía al roce el viento; iba cambiando el color de su limbo. Se acercaba el momento de caer de nuevo. Se desprendió. No sentía nostalgia, ni agonía, ninguna emoción humana la agobiaba. Descubrió que llegar a la cúspide era el preámbulo de nuevos cambios, que podrían llevar segundos, minutos, horas o años.
Durante la noche, a la velocidad que le marcaban las corrientes del viento, fue cayendo: volvió a la hojarasca. La lluvia torrencial la mojó por entero. Sintió cientos, miles de patas que la pisaban y se fue adhiriendo a las uñas de algunos escarabajos. Las hormigas arrieras la tomaron entre sus patas y la deshicieron, se llevaron sus pedazos al hormiguero.
Se convirtió en una estructura habitada por cientos y miles de seres de antenas: era de nuevo parte de una comunidad. Sus hermanas eran de ocelos grandes, más fue ingerida, en parte, por un oso hormiguero. Este la extrajo con su lengua, la engulló y la llevó por el bosque ya en su estómago. Ella sintió el calor uterino de la hembra gestante que la había devorado. Al poco tiempo, llegó al intestino y cayó en forma de heces: volvía de nuevo a la tierra.
Era curioso, se sentía aún en la copa del árbol, en la raíz, en la hojarasca, en el hormiguero y ahora en las heces. Fue dándose cuenta de todos los lugares en los cuales había y seguían habitando sus moléculas.
Los escarabajos estercoleros aparecieron. Hicieron de ella una bola hasta enterrarla de nuevo. Volvía a ser humus, reconocía el movimiento continuo. Este era mucho más dinámico que el que había vivido en las avenidas o en las estaciones del metro. Cuan poco como humana en realidad se había reconocido. Jamás pensó ser enterrada innumerables veces. Creyó que todo finalizaría en ese ataúd que indicaba el fin de sus recorridos por la tierra.
Ingenuamente, Melinda se lo había creído. Aquellos logros y metas que alguna vez había concebido fueron una ilusión. La vida real es otra. Estaba de paso en esta forma humana ¿Y si no hubiese esperado a abrir los ojos, luego de muerta? Sin embargo, sabía que todo había ocurrido de forma perfecta. Se dejó llevar... Infinitas veces ascendería de nuevo: llegaría a la verdadera meta, esa que no es premiada casi nunca por los humanos, la transcendencia.
domingo, 6 de junio de 2021
Revelarse
De pronto descubrimos la sabiduría en todo.
En el otro, en el que no tiene nombre,
en el que nunca es citado en los textos espirituales,
pero que existe.
No somos Rumi, y somos Rumi,
No somos Jesús, y somos Jesús,
No somos Buda, y somos Buda.
Buscamos aquellos textos que nos den la luz,
esa que nos dé esa sabiduría que en realidad somos.
Pero, ¿quién lo dice?
¿Cómo estoy seguro si el mensaje es sabio?
¿Cuál es el autor?
¿Y si acaso es un anónimo que no tiene suficientes seguidores, ni me
“me gustas” en Instagram o en
Facebook?
¿En realidad, un sabio debe tener cientos o miles de admiradores?,
¿y si no?
Quizás, los verdaderos momentos de iluminación,
no los encontraremos en las letras de los otros, ¿o sí?
El mejor autor que podremos alguna vez leer,
es ese escritor que somos cada uno, ese ser iluminado:
¿Qué tal si nos permitimos ser los autores de nuestra propia
revelación?
lunes, 17 de mayo de 2021
Párrafo en crecimiento de "Un Cuento para Miguel"
... En su ansiedad de querer “curar” descubrió que solo
necesitaba amarse a sí misma, pero sentía rabia del tiempo que le había llevado
darse cuenta de ello. Debía tenerse paciencia, esperar a sentir ese amor hacia ella. Eso finalmente era, eso finalmente somos todos...
domingo, 3 de enero de 2021
Corazón en el cielo
miércoles, 30 de diciembre de 2020
¡Vive!
lunes, 26 de octubre de 2020
Amor
Al escuchar el corazón
sutiles latidos cobran fuerza,
emiten señales,
contagian todo alrededor.
Todo se hace más ligero,
se emanan sentimientos naturales:
a la luz los más puros.
Siguen la antorcha
al ser guiados por el maestro,
el más grande:
El amor.
miércoles, 7 de octubre de 2020
Te amo MIGUEL
Miro tus ojos y entro a un bosque.
Iluminas letras que se dibujan entre las hojas.
Guías con tus dedos la dirección de las luciérnagas.
Unes los puentes con minúsculos trocitos de madera.
Entras en territorios habitados por magos hermanos.
Libas de la savia en cada árbol del universo.
Te amo MIGUEL.
martes, 6 de octubre de 2020
La no búsqueda
lleva a sorprenderse,
a maravillarse,
al habitar en un solo instante.
se reúne todo:
Lo no soñado.
Incluso lo que en la búsqueda
nos hubiésemos perdido encontrar.
miércoles, 2 de septiembre de 2020
Al abrirse: milagros cotidianos
sábado, 8 de agosto de 2020
Giros
Así, en un giro nos desplazamos. Viajamos, entre uno y otro. Cuanto más rápido giramos nos hacemos invisibles. Ya no caminamos por las aceras, en línea recta sino en curvas continuas que adquieren pausas o se aceleran. En ocasiones, nos movemos entre otros que sienten algo pasó muy cerca y los estremeció, como el aroma de un viento un poco más limpio. Los ojos cristalinos de un bebé y de algunos niños son capaces de divisar los giros, no solo de los humanos sino de los animales, centauros y dragones que giran al compás de los matemáticos seres celestiales. Esa inspiración que, de pronto, nos llega, provienen de seres en giros. Es casi un minúsculo torbellino que roza las mejillas, un cosquilleo que ingresa al canal auditivo y toca ese tímpano que emite un mantra enfático, un verso en sanscrito que solo si estas “limpio” podrás en ese instante o con el tiempo recuperar.
¿Giramos?
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